Cosas sin importancia

miércoles, 13 de abril de 2016

Memorias

Me di cuenta que los recuerdos no son privados, están compartidos por todos lados, como una gran red social telepática, inmaterial, sin soporte físico o virtual, no binaria. Los comparten diversas personas, a veces los llamo yo, a veces los llaman ellas; y otra veces felizmente coincidimos. Estos vínculos están tejidos en un plano existencial que no alcanzo a comprender, es como una red ubicua imposible de registrar por los cinco sentidos, se mueven en una realidad mental y hasta espiritual, algo así pues, siempre es difícil de explicar.
            Las personas se encuentran, dicen los místicos, por alguna razón más allá de nuestra comprensión. Fuerzas inexplicables las juntan y de la misma manera las separan, pero la red de circunstancias ya está tejida, entonces olvidar es imposible, el recuerdo es un lazo irrompible y tal vez únicamente debilitado por la locura, la pérdida de la memoria, la pérdida de la conciencia, o el fin de la existencia como ser humano.
            Un recuerdo, un lazo escondido en la memoria, ha tirado de las terminales nerviosas en el cerebro, provocó un derrame químico, que como cascada, ah traído diversos momentos vividos. Sonrisas, tristezas, emociones, pasiones y sentimientos se desbordaron, salían por los ojos, la nariz, los oídos, la boca, los poros del cuerpo, lo genitales... la uñas. Memorias de un viejo amor, de esos que toca la médula ósea, que estremece el sistema nervioso y que juró ser el amor de una vida, mi vida. Pero todo pasa, y poco a poco se vuelve uno más tolerante al veneno de las circunstancias y comienza a disfrutar de las llamadas memorias, tal vez es la edad.
            Así, aquellos recuerdos no eran evocados por mí, era la contraparte, tiraban el lazo desde el otro extremo, desde un lugar alejado, que a través de un medio material me hicieron consiente. Claro, los recuerdos no son únicamente míos, también son de la persona con quien los compartí. Al final de cuentas es ahí cuando esa red ubicua, fuera de nuestra compresión se teje, existe y es enorme, algunos lazos son gruesos y sólidos, otros más delgados, pero todos nos unen como personas, como seres humanos compartimos la existencia en el tiempo y en el espacio, estamos unidos por eso que llamamos memoria y que algunos han denominado conciencia social, así, esta red tiene un nombre. Tejida por redes individualidades. Quien sabe si con intención, por coincidencia, por desarrollo natural o deliberadamente, nos hemos esforzado por materializarla en un mundo alterno como el internet. Una burda imitación, las redes sociales nos personalizan como nodos que van articulando y tejiendo memorias en un plano más humano y comprensible.

             Ella era hermosa, una ilusión hecha realidad, ahora sonrío y pienso en lo afortunado de su marido y la dicha de sus hijos; en nuestros recuerdos y lo felices que fuimos. Una parte de nuestras vidas que compartimos, así será hasta que alguno deje de existir, entonces el lazo se marchitará y permanecerá una parte colgante en el limbo mental, sin conexión, sin contraparte. Y así sucederá con los demás lazos, y mientras todos van desapareciendo, o conectándose en un sitio más allá del existencial, nuevos nodos van tejiendo y enredando la gran sábana que como especie hemos tratado de comprender. Así juntos vamos construyendo las memorias de la humanidad.




miércoles, 23 de marzo de 2016

Algo de las notas

Necesitaba sacar de las cosas una especie de provecho personal; y rechazaba como inútil todo lo que no contribuía al consuelo inmediato de su corazón, pues, siendo de temperamento más sentimental que artístico, buscaba emociones y no paisajes.

Madame Bovary. Gustave Flaubert.

domingo, 13 de marzo de 2016

Disonancia relativa

El camioncito que relincha está contemplativo como siempre. Mira hacia la calle con los ojos de pintura cacariza, producto de las inclemencias del tiempo y del polvo. Esas partículas diversas que se van agolpando paulatinamente una sobre otra hasta formar una costra que arranca en la menor oportunidad un pedazo de pintura, esta demás decir que la pintura sobreviviente se vuelve opaca con el brillo del Sol acumulado.
¿Por qué relinchaz camioncito? No sé, desde hace seis meses que estoy estacionado y mi voz ha cambiado, creo que es un error electrónico, antes cuando echaban una moneda se escuchaba el encendido de mi potente motor, ahora un sendo relinchido atraviesa el local. Ya no imagino caminos asfaltados, ahora galopo en praderas interminables. Tengo disonancia relativa, porque al final de cuentas la imaginación infantil es la que me lleva de paseo, mi proposito es estar aquí y repetir después de cada moneda: ¡gracias, vuelve pronto!
La calle está desierta, sólo pasa alguno que otro coche de esos que si giran las llantas. La miopía del camioncito que relichan apenas le deja ver una pequeña figura dibujada en el horizonte de las calles desiertas. Su caminar es extraño, se mueve rápido y con seguridad, parece un alienígena, ¿será que la invasión espacial ha comenzado ya? ¿y que le harán a los comioncitos que relinchan? Creo que nada, son un accesorio de la vida. El cuerpecillo se acerca, es directo, mira al camioncito de frente y le sonríe, el camioncito hubiera querido devolverle la sonrisa pero no puede, la fibra de vidrio no permite movimientos. El hombrecillo busca en su bolsa y saca una moneda, se monta al camioncito, y se agacha para introducir la moneda y hacerlo relinchar.
El camioncito siente como cae en sus entrañas la moneda, ese inconfundible sonido de metal con metal que tanto gusta a los ávaros, todo comienza a vibrar, puede sentir la vida a través de cada parte mecánica de su cuerpo, es la magia de las monedas, la magia de dinero.
El relinchido inicial y el galope subsecuente transforman la realidad, ahora es un viaje por la imaginación, algo que debe tomarse con mucha seriedad y el hombrecito lo sabe, se acomoda en el asiento y observa analíticamente el paisaje, como terrateniente revisando su propiedad, sabe la responsabilidad que tiene. El camioncito va relinchando y el sonido del galope no corresponde al movimiento mecánico que más bien es de un automotor.
El vehículo se detiene, pero esto no perturba al pasajero, quien saca otra moneda de su bolsillo y la introduce para avanzar un poco más. El movimiento empieza, el hombre no se mueve, se deja llevar, apenas y mueve la cabeza para controlar el panorama.
Todos tenemos madre, el pasajero también, pero no la trajo hoy, no el día del recorrido, a veces las madres estorban, ensucian el paisaje. El va plácido, sin preocupaciones, realmente disfruta su paseo y eso hay que tomarlo con mucha seriedad.
El camión se detiene. El hombre baja satisfecho, fue un buen viaje. Camina sereno hacia la calle, antes de desaparecer da un vistazo al dependiente, sonríe y se va corriendo, se da ese lujo, él lo sabe, tiene cinco años.
El camioncito sonríe y se le rompe un labio, la fibra de vidrio no se estira.

De los vientos y las hormigas

Algo se mueve, son árboles, son personas, son pensamientos, es el viento.
Algo se mueve y no se ve.
Algo se mueve y se siente.
Quita techos y arrebata esperanza.
Algo termina, puede ser la vida, puede ser una estación del año o el miedo que hunde sin respuesta.
Es como el niño gigante que sopla a las hormigas para verlas rodar y aferrarse en la arena suelta.
Sopla más fuerte, no tengas misericordia, ellas no la tienen con las hojas ni con los cadáveres de insectos, ni con la piel en la que florecen ronchas.
Sopla hasta limpiar este mundo de hormigas.
Nada justifica tu crueldad, ni la de ellas, así es la naturaleza, ya te acostumbrarás. No dejes de soplar que mis cabellos quieren danzar.
Las noticias tienen miedo, las personas tienen miedo, el viento ha venido para mostrarte que no es tan dulce como en el risco a la orilla del mar.
Extiende las alas y monta su corriente.
Me largo hasta caer, ahí empezaré a buscar hormigueros hasta que algo se mueva, hasta que algo sople, hasta que la vida diga que muera.

sábado, 23 de enero de 2016

Dualidad moral

¿Cómo describir la dualidad moral imperante en esta puta actualidad? ¿Por dónde empezar? ¡Ya sé! Por la falta de compromiso conmigo mismo. Iniciar proyectos con demasiado ahínco para después abandonarlos. Mi tesis, abandonada. La novela, los cuentos, guardados en borradores escritos a mano, olvidados entre cúmulos de papeles empolvados, de un polvo que sabe qué deidad, de dónde provengan; partículas, moléculas invasoras que su único fin es exterminar la pulcritud. La organización, que tanto trabajo cuesta, cuando el tiempo es un hijo de perra que se escabulle más rápido que el agua entre los dedos. Proyectos personales olvidados son la antesala de los proyectos sociales enterrados, como es una pareja estable o una familia bonita, esas son chingaderas. Eh llegado a pensar más de una ocasión que mi gracia física no juega a mi favor, nunca eh sido el galán del puto barrio… bueno, lo acepto con discreción, sí un par de veces y el momento resulta realmente embriagador. Hablando de amores, no entiendo esa dualidad. Ella, le pidió a un amigo que hablara conmigo, le preguntó qué es lo que pienso de ella, y si estaría dispuesto a iniciar una relación duradera. Yo, no convencido del todo, me lanzó al ruedo y de pronto se hace la difícil, le encanta el cortejo, que el hombre haga tonterías por la mujer y ya no estoy para esas chingaderas, y sé que en el fondo ella tampoco. Todo esto me desequilibra mentalmente y no me deja avanzar en ningún sentido. De aquella otra, prefiero ya no hablar, pues a veces es una luz más brillante que el sol y otras se convierte en la luna distante y fría que refleja el recuerdo de la luminosidad de un pasado.
Los seres humanos somos tan complejos que no terminamos de entendernos, la actualidad complica las relaciones humanas, incrementa esa dualidad, nos ha heredado una bipolaridad constante, y que digo bipolaridad, multipolaridad. Una foto, un comentario, un like en las redes sociales llega a transformar nuestra realidad de manera importante. Es como el estrés, no sabemos exactamente cómo es que nos afectará. ¿Célibe? Ya no es opción, prefiero encontrarme con la que me guste y coger, coger, coger… aunque me detengo pensando en el daño que puedo provocar y me puedo provocar. Esta multipolaridad humana me está agobiando de una manera preocupante, mucho se lo debo a mis relaciones pasadas, a la inestabilidad que eh tragado, con efecto a largo plazo. Ahora, ya no sé para donde putas moverme en las relaciones humanas, cada vez son más complicadas, esta conectividad nos ha exhibido en toda la mierda que somos. Algunos, prevenidos, por salud mental, prefieren aislarse, olvidarse de esas redes sociales, limitarlas y alejarlas de su vida personal. Tal vez sean los más vulnerables, los más sensibles. Nosotros, los barbaros que todo nos tragamos, seguimos conectados, comentando, escudriñando las redes, buscando estados de última conexión, fotografías incriminatorias; actitudes que de frente negamos con vehemencia e incluso nos burlamos, nos auto-engañamos, creemos que somos astutos y más bien somos pendejos.

Mi multipolaridad me impide seguir escribiendo, la inmediatez aprieta mis ideas y no me permite deshebrarlas con calma, el ambiente me exige inmediatez, el ambiente creado por nosotros mismos, para auto-regularnos, este fétido ambiente humano que me enerva cada día más, que reafirma esta misantropía y encuentra refugio sólo en la inocencia de los seres menos pensantes…. ¿será por eso que abundan los amantes de animales?, es una relación más simple, más básica, en la base de la pirámide de Maslow, dónde la felicidad está asegurada.


sábado, 24 de octubre de 2015

Reuniones familiares

Dicen que un silencio prolongado, en un grupo de personas, es el paso de un ángel... yo pienso que son mamadas. Pues ahí estábamos los cuatro, dos desconocidos, tres conocidos y una pareja. Poco que decir, mucho que descubrir y un hastío que se asomaba de vez en cuando detrás de los sillones. Las palabras empujadas por el alcohol apenas se reconocían entre ellas. Bendita bebida que hace que estos momentos pasen rápido. Yo miraba mi vaso con ron y hielos, ladeaba todo para hacer girar el contenido.
Es importante saber de dónde venimos y a dónde vamos, muchos nos olvidamos de esto y nos arrastra la corriente. En los últimos años eh adoptado esta filosofía con resultados esperados y un tanto astringentes, pero por un extraño orgullo me retracto de abandonarla. A veces tengo que remar con urgencia y corregir el rumbo, todo con discreción. Sí, soy un puto tibio, no eres la primera que lo dice. Pretendo una cosa y hago otra, pero la vida está llena de contradicciones, las que elegimos son las que nos hacen sentir mejor.
La conversación se encausó por un momento en las personas en común, en el pasado, en los amigos, los conocidos. Dicen que la gente estúpida gasta su saliva hablando de otros, y ahí estábamos los cuatro, hablando de otros, todos estúpidos. Pero mientras hablábamos nos descubríamos. Yo recordaba quien era y lo que pensaba en aquel entonces. Extrañado reconocía de dónde venía y lo distante que me encontraba ahora. Lo curioso es que no me pareció mejor, me vi a la deriva, lejos de aquel bienestar que llegué a extrañar desde mi inmundicia. Melancólico miraba el recuerdo a través de la evocación de aquellos lejanos conocidos, los nombres llamaban a mi identidad, Pedro, Mario, La China, Verónica, Susana, Tomás, Víctor, Mónica, Chapis, Alejandra... cuanta gente ausente en aquella reunión. La euforia se sentía, como si quisiéramos volver a aquellos tiempos, situarnos ahí, como adolescentes tan llenos de energía, tocar la batería, cantar como Jim Morrison, beber con el Piojo y la banderola, fumar y fumar hasta acabar la primera cajetilla del día, mientras nos mentábamos la madre en el futbolito, ver las deliciosas nalgas de las compañeras divas que sólo sonreían conocedoras de su poder, mientras nosotros fantaseábamos con descubrir que no llevaban puesta ropa interior. Segundos después todo se olvidaba y continuábamos en el torneo más importante en nuestras mentes infectas de nicotina, futbolito, puto futbolito.
Entre la bruma de cigarro aparecía la realidad desdibujada por los recuerdos, como lejana, sabíamos que eramos cuatro, pero en aquel lugar estaba toda una generación, más de treinta personas girando como fantasmas de humo con estupor de alcohol, estábamos a punto de materializar aquellos recuerdos cuando alguien nos volvió a la realidad, conociendo el destino inefable al que llevaría dicha acción, como previniendo el desastre soltó un distractor y después una bomba. Los fantasmas desaparecieron, el humo no, la realidad volvió a ser patética, cuatro almas, unas más insatisfechas que otras, reunidas con el pretexto del alcohol. Entonces la empatía se volvía indiferencia, tal vez por la prohibición tácita del comportamiento moral, por eso creo que preferimos controlar los vínculos y no mezclar roles innecesariamente.
Entonces llegarón los viajes, yo aquí, yo allá, vi esto, vi aquello y viajamos juntos en los recuerdos del otro, adquiriendo impresiones de Nueva York, Las Vegas, París, Cacún, Los Ángeles, La Habana... que poco conozco, pensé, el mundo es tan pequeño y costoso para algunos que nos deja inmóviles en el mismo lugar, pero los más osados encuentran caminos sin riqueza material, orgulloso pensaba que era de los últimos y que pronto compartiría nuevas experiencias al insípido grupo.
Los rostros se desdibujaban, la extraña belleza lucía deforme, la fealdad parecía interesante, lo interesante lucía aburrido, el sueño agotaba la conversación. Contemplación, introspección, es hora de largarse, es tiempo de separarnos, unos se van, otros se quedan, la vida continúa, el paréntesis temporal se ha cerrado. Asfalto semáforos, llaves, cama... dormir.






domingo, 27 de septiembre de 2015

¿Sabes qué es lo que iba a hacer con mi bebé?

-          ¿Sabes qué es lo que iba a hacer con mi bebé cuando naciera? lo iba a tatuar a los tres o cuatro meses de nacido, ya que aguantara el dolor; pero él me dijo que no, que no quería hijos con tatuajes o perforaciones…
-          ¡Está loco!

Susana  miraba fijamente a Andrea con los ojos redondos como platos, ¿por qué decía que estaba loco? Un argumento salió de su boca y justificó que su novio lo decía porque quería lo mejor para su hijo, a pesar de tener otros tres con diferentes mujeres.
Andrea no sabía que decirle, le costaba trabajo armar un argumento convincente, tal vez debido a la inexperiencia de sus diecisiete años o a la cruda del día anterior que no la dejaba pensar con claridad. Soltaba frases elaboradas desde su contexto familiar: el ser humano es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra (lo dijo mi abuelita), a los padres se les respeta, las drogas son malas y eso… pero Susana, ¿cuánto llevas hablándome de este hombre? Quince minutos, y ya sé qué es lo que va hacer, no puede vigilarte todo el tiempo, esa responsabilidad que vas a tener es muy grande, ¿estas dispuesta a tener al bebé?
Susana dudó un rato, después asintió, dijo que sí estaba dispuesta a tenerlo, que ella quería su bebé y que él le había dado un celular para saber dónde estaba todo el tiempo pues tenía miedo de que hiciera algo estúpido con su bebé en la panza, porque sabía que estaba media loquita.
Loquita y media, le dijo Andrea, que no concebía la necedad de su amiga por tenerlo, pero trató de entenderla y argumentó que posiblemente el sentimiento maternal se había despertado como consecuencia de su vida pasada, ya que desde pequeña había cuidado a su hermano, pues su mamá no era precisamente un ejemplo a seguir, y que por eso ahora quería cuidar a su hijo de la misma manera.
Susana no entendía, ella decía que lo quería, no importaba si estaba feo, si se parecía a ella o no, pero lo quería tener. El verdadero problema era saber si se iba a Monterrey o a Hidalgo, sabía que aquel hombre la limitaba, y tal vez era justo lo que buscaba, algo de disciplina, que alguien le pusiera un freno, que controlara su ímpetu de juventud, buscaba la figura de autoridad que nunca tuvo; por eso cuando él le decía que quería saber todos sus pasos y que no tuviera más de tres contactos en su teléfono: el suyo, el de su mamá y el de su propia madre, nadie más; ella se sentía correspondida y dichosa, por fin alguien se encararía de su vida y de su bebé. Ella no sabía si quería o no a su novio, pero el problema le ponía emoción a su existencia, se olvidaba del rutinario trabajo que tenía, pensaba que la vida era emocionante, irse de la ciudad, tener un bebé, todo con fecha límite, tenía que actuar rápido. Ahora su vida era vertiginosa pero sin aquellas pastillas que consumía, y no quería cortarse el pelo por temor a que le hiciera daño al bebé.
Andrea le repetía, estas bien pendeja, déjalo, haz tu vida, eres muy joven, pero Susana se aferraba a la idea de tener su propia familia, ya se había quitado el piercing de la boca, estaba en proceso el del ombligo, lo mismo el del pezón; dos meses de embarazo y ya consideraba dejar de usar tacones, aunque él le dijera que se veía más nalgoncita.
Un hombre que consumía un cigarrillo en la banca cercana, miraba la belleza de la juventud, la chispa en los ojos, la alegría en sus palabras que no hacían justicia al dilema que platicaban aquellas muchachas, por un momento se olvidó de sus problemas, recordó que el mundo no solo giraba para él. Le dio otra calada al cigarrillo mientras las miraba alejarse y comprobó que era verdad lo que decía el novio de aquella muchacha, estaba nalgoncita. Miró la copa de los árboles, sintió el viento, escuchó trinar algunos pajarillos y se olvidó de aquellos pedos adolescentes.

-          ¿Él es tu exnovio?
Se escuchó en la misma banca, asustando pensó que se referían a él, pero su conciencia estaba tranquila por ahora, al menos en temas de mujeres; se quedó como lagartija, con los ojos atentos y las fauces listas para morder.
La voz clara y armónica de un chisme, modulada para endulzar el oído femenino, corría cual río escondido entre el follaje del bosque en aquella plaza, tranquilizante y arrulladora, danzaba entre las hojas y los trinos de pajarillos. Las mujeres comían algo, parecía un gazpacho de fruta o un vasolote. Recitaban sus penurias, una escuchaba mientras le hacía el amor a la comida, la otra hablaba sobre aquel que alguna vez fue su hombre y con quien tenía una niña. El hombre le había dado 400 pesos para ayudarla con los gastos de crianza. Ella casi nunca le hablaba, solamente para pedirle el apoyo para su hija, pero el hombre desconfiado, se preguntaba si ese dinero realmente llegaba a las manos de la pequeña, por eso la incriminaba y le decía que de seguro se lo gastaba con otro cabrón. Ella, indignada por la injuria, mas nunca la negó, le colgó el teléfono. Él volvió a marcar, le reclamó que por qué le colgaba, y preguntaba que dónde estaba la niña, ella le respondió que con su abuela en Querétaro, encolerizado el hombre le decía:

-          Ahí está, ni siquiera está la niña contigo, para qué querías el dinero…. nada más querías que te fuera a ver verdad
-          Pues fíjate que sí, no sabes las ganas que tenía de verte… - ella colgó el teléfono.

No podía entender cómo es que aquel hombre se comportara de esa manera, cuando hace algún tiempo todo era amor y comprensión, parecía el hombre más sensato de la tierra, incapaz de tener una actitud tan insultante. 
Hablaba de su nueva mujer y de cómo lo usaba, le exigía y le gritaba, él solamente callaba. No era la primera vez, la anterior había hecho lo mismo. En definitiva era un tonto, lo bueno que ya no estaba con ella y solo le daba dinero para ayudarle con la niña. La otra mujer asentía y argumentaba que no podía creer como los hombres se dejaban usar por las mujeres, por aquellas malditas arpías a cuya especie no pertenecían. Menearon la cabeza en señal de acuerdo y continuaron comiendo.
El hombre se levantó y se largó de allí a pasó tranquilo, esas bancas evaporaban su testosterona, fue apresurando el paso hasta que sintió como se le escurría una lágrima por la mejilla… ya era demasiado tarde.

otras cosas sin importancia

I am or IMP <> T ar T

Las esquinas de las calles son de papel y van las golondrinas doblando y desdoblando esquinas...